miércoles, 20 de agosto de 2008

Mi sobrina me tiene mala


Martina, ese el nombre de mi sobrina. Nació el 5 de enero de este año en Viña. Cuento aparte es el que siempre recordaré su fecha de nacimiento, como no, si fue el mismo día en que por primera vez experimenté la horrible sensación de echarme un ramo, y por consiguiente fecha en que quedé como el ignorante de Chile, no saber contestar una pregunta sobre el Marxismo es ignorancia pura, ¿no cree usted señor lector?. Como siempre me desvío del tema. ¿Martina?... ah si, jajaja. Ocurre que la pequeña en cuestión, además de causarme curiosidad por su nulo parecido a mi (rubia de ojos verdes, de que estamos hablando), resulta que extrañamente cada vez que me acercaba a ella rompía a llorar, si weón, la muy cretina se ponía a llorar!. En un principio pensé que era simplemente por la falta de costumbre, además reconozco ser un bruto si de niños se trata, pero ya después de 7 meses de conocernos, la tierna de mi sobrinita cada vez que me acercaba a ella lloraba, lloraba y lloraba. Que chucha, ¿me tiene mala?. Era inevitable plantearme esta interrogante, más aun si cada vez que veía que Gastón (mi hermano chico) la tomaba, la pendeja se reía. Resumiendo, la situación era la así: con Gastón se ríe y conmigo llora, preocupante, ¿no?. Como iba a ser posible que en 7 meses no se acostumbrara a la presencia de su buen tío Coto (saaaaaaa), no sabe lo que se perdía jajajaj.
Ocurre que con este asunto de la carga académica, mis encuentros con la Martina cada vez se fueron aplazando más, hasta que la semana pasada, en una reunión familiar nos volvimos a ver las caras. -Esta es la mía- dije yo, la tomo, nos miramos a los ojos, y luego de sacar mis anteojos y tirarlos, toma mi corbata y se la mete a la boca (si, ese dia yo andaba de terno), ¿y lo más sorprendente?... se pone a reir. Si, por primera vez en 7 meses de existencia, la lunática de mi sobrina se reía en mis brazos, claro, solo porque al parecer le gustó mi corbata, y no es para menos, estamos hablando de una Rabanne que mi vieja se encargará de sacarme en cara el resto de mi vida. Buen gusto tiene por lo menos mi sobrina (ya pásate un rollo). Debo reconocer que igual estaba atónito con lo que veía, osea, alomejor ya me estaba empezando a querer (que triste), pero aún con toda la emoción del mundo no podía dejar que siguiera chupando mi corbata Paco Rabanne, así que casi a tirones se la quité, y de verdad que fueron tirones, porque me costó. Verguenza debería darme contar que me costó quitarle una corbata a una niña de no mas de 65 centímetros. Una vez que le gané la batalla por la corbata, fui a cambiarme por algo mas cómodo, vuelvo para tomarla, ¿y que ocurre? si, se pone a llorar, osea, tecnicamente primero me quita los anteojos y los bota (denuevo) y acto seguido se larga a llorar. ¿Qué onda la pendeja? ¿me tendrá mala por los años en que le rompí los juguetes al Seba? (Sebastián es mi hermano mayor, papá de Martina). En esos momentos el llanto ya me estaba empezando a ofuscar, así que se acerca Sebastián para tranquilizarla, luego la toma Gastón, y ¿que ocurre?, claro, ahi estaba la muy bonita, cagá de la risa con las morisquetas que le hacía. Parece chiste el asunto. ¿Conclusión?, poner cara de idiota para ver si también se ríe, o por ultimo usar corbata cuando quiera tomarla en mis brazos. Puede que por esas cosas de la vida alomejor esté desarrollando un gusto prematuro por los abogados, jaja, si el Seba lee esto me acribilla. En fin, bonita la cosa, no sabe al buen tío que se está perdiendo. Hablo en serio, punto.