viernes, 15 de agosto de 2008

Mamón


Antes que todo, no puedo dejar de mencionar la emoción que me produce volver a escribir acá, después de aquel ataque de furia en que borré todas mis entradas (mentira, no me emociona para nada, escribo porque no tengo más que hacer). En fin, lo que sea para que el paso de los minutos sea mas productivo. Es una tarde de ocio extremo, y tengo una no buena amiga llamada "Caña" que no me deja en paz. -Estudia!- alega mi mamá desde abajo, e inmediatamente se me viene a la mente mi buena amiga Coté con su frecuente -MAMÓN- el cual me restriega en la cara cada vez que "arranco" a casa, claro, THE REAL casa. Señor lector, usted se preguntará a pito de que escribo esto, y bien, en realidad ni yo lo sé muy bien, pero algo me indica que lo escrito no es del todo inconexo y que es posible llegar a escribir algo coherente. Veamos, hace algún tiempo opté por vivir solo, y digo opté por que para ser sincero, mucha necesidad no había. Pero claro, a quien no le seduce la idea de la independencia, estar alejado de esos odiosos -estudia!- tan frecuentes en mi blonda madre, hacer esos tan bien ponderados "malones", y mas que nada, la sensación de sentir que ya eres grande y que puedes arreglartelas solo por la vida sin ser un irresponsable. Pero el tema de vivir solo, trae de la mano innumerables responsabilidades: pagar las cuentas, hacer el aseo, automotivarse para el estudio, despertarse solo, cocinar, y si en vez de tener una robotina para que lo haga todo, solo tienes a "Omarcito" (nombre con que se ha bautizado al ventilador, lo mas parecido a un robot que pueda encontrarse en mi departamento) son responsabilidades que caen exclusivamente en tus manos (ni modo que en las del vecino). Otra cosa son las limitaciones a la independencia, algo asi como disposiciones transitorias que le agregan el prefijo Pseudo a este cuento de la independencia juvenil. Si, pseudo independencia si pensamos que aun soy un parasito que a mitad de semana debo recurrir a alguno de mis viejos con mi típico "necesito una transferencia urgente!", si mamá y papá, me fui de la casa, pero aun estoy agarrado a sus costillas, jajaja. Pero mas curiosa que aquellas circunstancias económicas que no te permiten separarte del todo de tus viejos, son aquellas circunstancias psicológicas, inconcientes, que no te permiten ser un completo emancipado. Y aquí es donde entra al baile Coté, porque debo reconocer, que cada vez que puedo arranco a la casa de mis papás; cuando tengo algún problema, cuando no quiero saber de ciertas personas, cuando me cortan la luz, cuando necesito que alguien me obligue a estudiar, cuando estoy harto de comer todos los dias fideos, o cuando simplemente, extraño mi casa. Todo eso sabiendo que estar donde mis viejos significa someterme al ya trillado -estudia!- de mi vieja, al recurrente -haz deporte- de mi viejo, y a la en general fastidiosa existencia de Gastón, mi hermano menor. Aun así, opto por ello y si lo miro objetivamente, no es del todo degradante la situación. Mas que mal, la mejor comida de Chile es la que como en casa, y aun cuando sean fideos y se me caiga la cara cuando los veo, es cosa de probarlos y creo que son los mejores de la vida. Tema aparte es mi colchón y el ácido humor de mi vieja, igual los amo. Espera, espera, será que de verdad soy tan mamón? Gracias María José (y nada de Coté, porque me enojé) por regalarme esta duda existencial. Como sea, dejo esto hasta acá, por que creo que se entendió la idea, y si no, señor lector haga ver su comprensión lectora, pero mas que nada dejo de escribir por que Gastón no deja concentrarme, por que era de esperarse... estoy donde mis papás. Mamón.